La lectura compromete no solo a los cinco sentidos y a la mente que los gobierna, sino también otros órganos del cuerpo que, influenciados por las palabras, entre otras manifestaciones, se erizan, tiemblan, retumban, se alteran o se paralizan.
Cuando leí por primera vez ‘Cien años de soledad’, demasiado tiempo atrás, sentí que mi mente…
